LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LA PREHISTORIA HASTA EL REINO VISIGODO

 

El Paleolítico

 

Los seres humanos actuales proceden de un tipo de primates superiores llamados homínidos que son el resultado de una larga evolución desarrollada a lo largo de millones de años. Estos homínidos fueron adquiriendo progresivamente rasgos humanos, conociéndose a esta etapa de la historia de la humanidad como proceso de hominización.

Los arqueólogos sitúan el origen de los homínidos más antiguos en yacimientos del África oriental como el de Olduvai. Los especialistas consideran que este proceso evolutivo se inició hace aproximadamente cinco millones de años. Este proceso estuvo marcado por la sucesión de diferentes tipos de homínidos: Homo Habilis, Homo Erectus, Homo Neanderthalensis (Neandertales) y Homo Sapiens (humanos modernos). Pese a las diversas teorías generadas en la comunidad científica, se considera que la primera especie humana que abandonó el continente africano fue el Homo erectus hace 1,8 millones de años. Esta salida se realizó a partir del Sinaí, dirigiéndose primero hacia Asia y después hacia Europa. Será a partir del Paleolítico Medio cuando surja en Europa un nuevo tipo humano de cuerpo muy robusto, estatura media y brazos fuertes y alargados (Homo neanderthalensis). Posteriormente, en el Paleolítico Superior, aparecerá una nueva especie de origen africano que se instalará en Asia y Europa y será conocida como Homo Sapiens. Esta última especie presenta rasgos físicos similares al ser humano actual.

Los grupos paleolíticos eran cazadores-recolectores nómadas de carácter igualitario que se asentaban en los valles de los ríos, al aire libre o en cuevas. Para estas poblaciones, el descubrimiento y uso del fuego fue fundamental ya que les permitió cocinar los alimentos y hacerlos más digestibles, defenderse de las fieras, evitar la oscuridad y calentarse.

El Paleolítico de la Península Ibérica lo podemos dividir en diferentes etapas:

 

-Paleolítico Inferior (1.000.000-100.000 años a. C.): el yacimiento más importante de este periodo es el de Atapuerca (Burgos). Aquí podemos encontrar la Sima de los Huesos, donde han aparecido numerosos restos del Homo Heidelbergensis (anteneandertal con una antigüedad de 450.000 años) junto con centenares de esqueletos de osos. También en Atapuerca distinguimos la Gran Dolina, donde se identificó a una especie conocida como Homo Antecesor (800.000 años), la cual supuestamente pobló por primera vez Europa y también realizó el éxodo de África, algo no admitido por todos los investigadores. Culturalmente se produjo un progresivo desarrollo de la técnica de la talla, pasándose de la cultura de los Choppers (útiles grandes y toscos) a la cultura Achelense, caracterizada por la elaboración de bifaces (útiles de piedra con forma almendrada trabajado por las dos caras, como las hachas o raspadores).

 

-Paleolítico medio (100.000-40.000 años a. C): se han encontrado restos de Neandertales en varios yacimientos, como en la cueva de la Carigüela (Granada) o en Abric Romaní (Cataluña) y en Gibraltar. En este periodo se fueron desarrollando creencias mágico-religiosas, tal como se manifiesta en sus enterramientos. La cultura material de los Neandertales se denomina Musteriense, en la que se abandona casi por completo en macroutillaje característico del Achelense y se sustituye por la producción de lascas a partir de métodos como el Levallois. Algunas de las herramientas que desarrollarán serán las raederas y los cuchillos de dorso.

 

-Paleolítico superior (40.000-10.000 a. C): en esta etapa la península estuvo habitada por el Homo Sapiens. Entre las principales características del nuevo periodo hay que señalar el desarrollo de las estructuras de habitación, el perfeccionamiento y creación de nuevos tipos de útiles líticos, la importancia de la industria ósea (arpones, propulsores,…), la utilización de objetos de adorno y la aparición de obras de arte mueble y parietal. La cultura material del Paleolítico Superior pasó por varias etapas, denominadas Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense. Destacan los yacimientos de Tito Bustillo en Asturias, Cueva Morín en Santander o La Pileta en Andalucía. Artísticamente hay que destacar el arte rupestre de la zona cantábrica. El mejor ejemplo lo tenemos en la cueva de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria). En ella podemos encontrar representaciones de grandes animales aislados, naturalistas, sin movimiento y coloreados con pigmentos rojos y negros, como el mamut o el bisonte. Los seres humanos del Paleolítico Superior convivieron con grandes animales de clima frío como los mamuts los renos los osos o los bisontes.

 

Entre el Paleolítico y el Neolítico encontramos un periodo de transición al que denominamos Mesolítico (10.000-5.000 años a. C). En esta etapa destaca el arte levantino, en el que se representaban figuras humanas esquemáticas, pequeñas, monócromas y en movimiento.

 

El Neolítico y la Edad de los Metales

 

El Neolítico se inicia hacia el 8000 antes de Cristo en una zona de Oriente Próximo denominada Creciente Fértil (espacio en forma de media luna que se extiende por el sur de la península de Anatolia, las tierras situadas entre los ríos Tigris y Éufrates y la costa mediterránea hasta el Nilo). Desde aquí se fue difundiendo progresivamente hacia Oriente y Occidente. En este periodo se originó un nuevo cambio climático con temperaturas más suaves. Todas las transformaciones experimentadas en esta época conocen el nombre de revolución neolítica, caracterizada por la pulimentación de la piedra, el paso de una economía depredadora a una productora (agricultura y ganadería), la sedentarización en aldeas, las nuevas prácticas funerarias-religiosas, la aparición de la propiedad privada, una progresiva diferenciación social, el desarrollo de la alfarería y la utilización de fibras vegetales en el trabajo textil. El invento de la rueda servirá para mejorar el transporte y aportar al alfarero el torno y al tejedor la rueca de hilar.

 

A finales del Neolítico (4.000-3.000 años a. C) los metales comenzaron a utilizarse como nueva materia prima, dando lugar a la última etapa de la Prehistoria, conocida como la Edad de los Metales. La metalurgia permitió mejorar el utillaje agrícola (hoz, azada,…) y el armamento (espadas, escudos,…). En un primer momento se utilizó el cobre, posteriormente se empleo el bronce (aleación de cobre y estaño) y hacia el año 1000 a. C. se introdujo el uso de un nuevo metal, El Hierro, muy apreciado por su facilidad para trabajarlo y por su resistencia. Durante la Edad de los Metales se produjo una especialización en el trabajo y una progresiva diferenciación entre grupos sociales. De esta manera, se fue implantando una jerarquización social donde los líderes políticos podían también cumplir funciones militares y religiosas. Estás transformaciones crearon un nuevo espacio, la ciudad, que concentraba el poder político y religioso así como las actividades artesanales y comerciales mediante el trueque.

En un periodo comprendido entre finales del Neolítico y comienzo de la Edad del Cobre (hacia el 3.000 a. C) se empezaron a construir los megalitos, construcciones realizadas con grandes bloques de piedra y que tenían una finalidad religiosa-funeraria. Estas construcciones presentaban formas diversas como los menhires (bloque de piedra clavado verticalmente en el suelo) o los dólmenes (grandes piedras verticales y horizontales que forman un recinto cubierto). El fenómeno del megalitismo se extendió por el sur de Escandinavia, la fachada atlántica, la Península Ibérica, el Mediterráneo y sus islas.

En la Península Ibérica se dio comienzo al Neolítico y a la economía productora (agricultura y ganadería) hacia el V milenio antes de Cristo, mucho tiempo después de que se iniciara en Oriente Próximo. Actualmente se piensa qué estos avances llegaron a través de poblaciones del Mediterráneo que difundieron las nuevas ideas desde los focos de origen orientales. Es por ello que las poblaciones del este y del sur de la Península Ibérica fueron las primeras que conocieron las formas de vida neolíticas, adoptando las nuevas técnicas como la cerámica y el tejido. En este sentido, podemos destacar durante el neolítico peninsular la presencia en el Mediterráneo de la cerámica cardial, llamada sí por ser el nombre de la concha cardium edule la más empleada para decorar esta cerámica. También encontramos ejemplos de cestería en la cueva de Los Murciélagos (Granada). En relación a la cultura material destacar el desarrollo de los microlitos.

Posteriormente, entre los años 3000 y 1000 antes de Cristo, llegaron a la Península Ibérica nuevos pobladores buscando metales y provenientes del extremo oriental del Mediterráneo. Es en este periodo cuando se desarrolla la Edad de los Metales, dónde tenemos los ejemplos más destacados en las culturas de Los Millares y El Argar (Almería). Del mismo modo hay importantes muestras de construcciones megalíticas en nuestra geografía, como las taulas, navetas y talayotes de las Islas Baleares y los numerosos dólmenes o sepulcros de galería distribuidos en la Península Ibérica (dólmenes de Menga y del Romeral en Antequera, Málaga).

A comienzos del primer milenio antes de Cristo las tierras hispanas vivían todavía en la Edad del Bronce. Será hacia el 700 a. C. cuando comience a difundirse por la península El Hierro, siendo probable que los comerciantes fenicios lo trajesen consigo en sus primeros contactos con el Mediterráneo peninsular hacia el año 1000 a. C. A la etapa que abarca desde el final de la Edad de los Metales hasta la presencia de los romanos en suelo ibérico la denominamos protohistoria.

 

Los pueblos y las culturas prerromanas

 

Las poblaciones del sur y del este de la Península y las islas Baleares entraron en contacto a partir del I milenio a. C con pueblos del Mediterráneo oriental más avanzados que los asentados en el solar hispano (colonizadores).

La razón principal de la venida de estos pueblos fue el interés económico por las riquezas mineras. El legado de los pueblos colonizadores fue inmenso, aunque su peso apenas traspasó el ámbito de la costa mediterránea y del Valle del Guadalquivir. Introdujeron nuevos cultivos como el lino y el olivo, además de instrumentos de trabajo tan importantes como el torno de alfarero. Dieron impulso a la vida urbana y el comercio alcanzó una nueva dimensión con el uso de la moneda. Culturalmente la aportación más decisiva de estos pueblos fue el alfabeto.

A tierras hispanas llegaron:

 

- Los fenicios: fundadores de Gades, la posterior Cádiz, en una fecha que puede situarse entre los años 800 y 775 antes de Cristo. Posteriormente realizaron otras fundaciones a lo largo de la costa mediterránea andaluza, como Sexi (Almuñécar). Con ellos se generalizó el uso del hierro.

- Los griegos: su colonización es más tardía. La principal colonia griega en tierras hispanas fue Ampurias, fundada en el siglo VI a. C. Otra colonia griega de la costa catalana fue Rhode, cercana a Rosas. Tuvieron mucho contacto comercial con los Tartessos.

-Los cartagineses: herederos de los fenicios, llegaron a la costa hispana después del siglo VI a. C. Establecieron colonias en Ebussus (Ibiza) y en Qart Hadasht (Cartagena).

 

Los pueblos del sur y del este peninsular recibieron la influencia de estas colonizaciones. Estos pueblos prerromanos se dedicaban a la agricultura de tipo mediterráneo (vid, olivos y cereales), a la ganadería (sobre todo ovina), a la minería, al comercio con los pueblos mediterráneos y a la pesca, con un importante desarrollo de los salazones. Todos estos pueblos del sur y el este peninsular, que recibieron la influencia cultural mediterránea, formaron parte de la cultura ibérica. Estos pueblos íberos conocieron la moneda, el alfabeto y desarrollaron manifestaciones artísticas importantes como la Dama de Elche. Entre los íberos podemos destacar los bastetanos o los turdetanos.

Destacar también que, previamente a la formación de la cultura Ibérica, destacó en el sudoeste de la Península (entre Sierra Morena y el valle del Guadalquivir) una cultura muy próspera conocida con el nombre de Tartessos. Estos formaron un reino que se extendía desde Huelva hasta las proximidades de Cartagena. Entorno al reino de Tartessos encontramos mito y realidad. Entre sus reyes destacó Argantonio, quien parece estar rodeado de leyendas. Este reino desapareció a mediados del primer milenio antes de Cristo, debido al peso de los cartagineses y a factores internos.

En relación a los pueblos del centro y oeste peninsular, decir que la influencia colonizadora de griegos, fenicios y cartagineses disminuye a medida que nos distanciamos del Mediterráneo. En cambio, en este caso encontramos la influencia de los pueblos originarios de Europa, como los celtas. El contacto entre íberos y celtas género el término celtíbero, aplicado a diversos pueblos de las tierras centrales de Iberia de lengua indoeuropea. Estos pueblos se organizaban en tribus y vivían en pequeños núcleos fortificados. Desconocían la moneda y mantenían pocos intercambios comerciales. Se dedicaban a la agricultura, la ganadería y trabajaban la lana y el metal. Era un pueblo guerrero que solía actuar como mercenario. No conocían la escritura y sus manifestaciones artísticas eran escasas. Algunos de estos pueblos fueron los lusones, titos y belos. Llamativa es la cultura de los verracos desarrollada entre los vettones, que produjo grandes esculturas de animales relacionadas con cultos ganaderos.

El norte peninsular, desde la costa de Galicia hasta el Pirineo aragonés, estaba ocupado por diversos pueblos como los galaicos, astures, cántabros y vascones. De ellos cabe destacar el escaso desarrollo de la agricultura y una economía basada en la ganadería, la recolección y la pesca. Vivían en castros, poblados fortificados en los que las viviendas eran en su mayoría circulares y tenían el techo de paja.

 

La Hispania romana

 

Roma, en su expansión por el Mediterráneo occidental, chocó con los cartagineses en las denominadas Guerras Púnicas (siglos III-II a. C), la segunda de las cuales se desarrolló en la Península Ibérica. Estas guerras terminaron con el triunfo de Roma y dejaron abierto el camino para la conquista de Hispania, que tuvo lugar de manera progresiva entre finales del siglo III y finales del siglo I a. C.

Primeramente los romanos ocuparon el sur, el este y los valles del Guadalquivir y del Ebro. Después penetraron en el interior, donde encontraron mayor resistencia, como en el caso de los lusitanos dirigidos por Viriato (guerras lusitanas). Los celtíberos también dieron ejemplo de resistencia a la ocupación romana en Numancia (guerras celtibéricas). En la última fase sometieron los pueblos del norte (guerras cántabras), que ofrecieron una dura resistencia, hasta el punto de que el propio emperador Augusto se vio obligado a venir a la península.

La conquista romana del territorio peninsular significó la unión de todos los pueblos prerromanos bajo un único poder, el Imperio Romano, que impuso su organización política, social y económica.

Se conoce como romanización al proceso de asimilación de la forma de vida romana por parte de los pueblos peninsulares. El grado de romanización varió según las regiones. Varios fueron los vehículos a través de los cuales se romanizó Hispania. Uno de los más importantes fue la difusión de la lengua latina.

El primer paso para la romanización fue la división en provincias de Hispania, nombre que los romanos dieron a Iberia. Primeramente fueron dos, Ulterior y Citerior; con Augusto fueron tres provincias, Baetica, Tarraconensis y Lusitania; en el siglo III fueron cinco, añadiéndole a las anteriores las provincias de Gallaecia y Carthaginensis. Antes de que finalizara el Imperio Romano se completó la división provincial añadiendo dos provincias más, Balearica y Mauritania Tingitana, en el norte de África.

La economía se centraba en la agricultura (trilogía mediterránea), en la explotación minera y el comercio. Las ciudades se convirtieron en el centro de las actividades políticas, entre ellas destacaron Emerita Augusta (Mérida), Cesaraugusta (Zaragoza) y Legio (León). En ellas se construyeron teatros (teatro romano de Mérida), anfiteatros, puentes, calzadas (Vía de la Plata) y acueductos (acueducto de Segovia). La sociedad fue muy jerarquizada y la componían ciudadanos de origen romano, indígenas libres y esclavos.

A partir del siglo III, la crisis del Imperio Romano afectó también a Hispania, a donde llegaron las primeras oleadas de pueblos germánicos (suevos, vándalos y alanos). Estos saquearon las ciudades, que comenzaron a amurallarse, y sus habitantes huyeron hacia el campo.

Roma buscó solución pactando con los visigodos su asentamiento en Hispania, con el fin de expulsar a los invasores. Los visigodos derrotaron a los alanos y expulsaron a los vándalos, que se instalaron en el norte de África. Los suevos se asentaron en el noroeste peninsular hasta ser absorbidos posteriormente por el reino visigodo.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, los visigodos se instalaron definitivamente en Hispania, dónde constituyeron un reino con capital en Toledo.

 

La monarquía visigoda (507-711)

 

Los visigodos se asentaron en el interior de Hispania formando una minoría dominante que se impuso a la población hispanorromana. En la sociedad visigoda fueron surgiendo los elementos característicos de lo que más tarde se denominaría feudalismo, estableciéndose sistemas de lazos personales. La economía fue básicamente agraria y la vida rural. Destacaron en orfebrería, dejando piezas como las que constituyen el tesoro de Guarrazar, Toledo (corona votiva de Recesvinto). Su arquitectura se caracterizaba por iglesias pequeñas de gruesos muros que empleaban el arco de herradura (San Juan de Baños, Palencia).

Tuvieron que afrontar diferentes problemas, entre los que destacan: una monarquía electiva que generaba numerosos conflictos sucesorios, la resistencia de los pueblos del norte y la ocupación del sudeste por el Imperio Bizantino.

El objetivo principal de los reyes visigodos fue conseguir la unificación territorial, religiosa y jurídica. En este sentido destacan tres reyes:

 

- Leovigildo, que sometió a los pueblos del norte. Sus sucesores expulsaron a los bizantinos.

- Recaredo, quien logró la unificación religiosa al convertirse al catolocismo (III Concilio de Toledo, 589).

- Recesvinto, que alcanzó la unificación jurídica con el Fuero Juzgo (654).

 

El reino visigodo desapareció después de la derrota sufrida ante los musulmanes por su último monarca, Rodrigo, en la batalla de Guadalete (711).

 

Carmina Hernández San Martín.

Bloque 1: La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía visigoda (711).

Preguntas cortas de la opción A.

Paleolítico y mesolítico

Neolítico y Edad de los Metales

Pueblos prerromanos

Hispania Romana y reino visigodo