SUBLEVACIÓN MILITAR Y GUERRA CIVIL (1936-1939). DIMENSIÓN POLÍTICA E INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. EVOLUCIÓN DE LAS DOS ZONAS. CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

 

Significación histórica

 

La guerra civil es uno de los acontecimientos más importantes de la historia española del siglo XX. Representó una confrontación sangrienta de ideologías con profundas consecuencias políticas económicas y sociales, cuyas heridas tardaron muchos años en cicatrizar. La guerra civil no se puede desligar del contexto internacional, con una Europa sumida en la Gran Depresión y experimentando el apogeo del fascismo. Además, en el conflicto intervinieron, a favor y en contra de cada uno de los contendientes, las distintas potencias, por lo que muchos han considerado nuestra guerra como un precedente de la Segunda Guerra Mundial.

 

La sublevación militar

 

Desde el triunfo electoral del Frente Popular (1936) se pusieron en marcha diversas tramas conspirativas contra el gobierno republicano, básicamente organizadas en torno a la Unión Militar Española (UME) dirigida por Sanjurjo desde su exilio en Portugal.

El gobierno tenía conocimiento de la situación, pero su reacción fue tímida: algunas detenciones y dispersión de los militares sospechosos lejos de Madrid. Siguiendo esta línea, se destinó a Goded a Baleares, a Franco a Canarias y al general Mola a Navarra. Esta última decisión fue un error, ya que Mola pudo entrar en contacto con el brazo armado del carlismo, el requeté, y se erigió en director de la conspiración. Su idea era una sublevación simultánea en diferentes guarniciones. Pretendía un golpe rápido pero no lo consiguió, convirtiéndose en una guerra civil.

El asesinato de José Calvo Sotelo en Madrid el 13 de julio de 1936 fue el pretexto para la insurrección militar. Esta comenzó el 17 de julio de 1936, cuando la guarnición de Melilla se sublevó y declaró el estado de guerra en el Protectorado español de Marruecos, a donde llegó Francisco Franco desde Canarias. El 18 de julio la sublevación se extendió por toda España. En general, las regiones de ideología mayoritariamente conservadora y economía predominantemente agrícola, como Navarra, Castilla-León y Galicia, apoyaron la sublevación, mientras que en las grandes ciudades como Madrid y las regiones industriales o desarrolladas (País Vasco, Cataluña y Valencia) se mantuvieron fieles a la República. Andalucía quedó dividida.

 

Fases de la guerra

 

Durante la Guerra Civil se pueden establecer tres etapas:

 

a) La guerra de columnas (julio-octubre de 1936): al principio, los generales sublevados intentaron la toma de Madrid, para lo que el ejército operó mediante pequeñas columnas que avanzaron a pie o transportadas en camiones en un avance rapidísimo, favorecido por la desorganización republicana. Sin embargo, los rebeldes tuvieron el inconveniente de que el grueso de su ejército se encontraba en el norte de África, teniendo la necesidad de transportarlo a Andalucía. Sólo la ayuda italiana con aviones y el apoyo de la flota alemana hicieron posible el paso del estrecho.

Por Extremadura, las fuerzas sublevadas dirigidas por Yagüe tomaron Badajoz, pero el desvío a Toledo para liberar el Alcázar donde resistía Moscardó, permitió a los generales republicanos Miaja y Vicente Rojo detener las columnas a las puertas de Madrid. El frente quedó estabilizado en la Ciudad Universitaria y nació la consigna del “¡no pasarán!”. Ante esta circunstancia el gobierno republicano se trasladó a Valencia.

b) Guerra total y cambio de estrategia (noviembre 1936-enero 1939): en esta fase se pasó a las grandes operaciones militares. La guerra se modernizó, comenzó la ayuda exterior, la aviación pasó a ser un arma fundamental, se bombardearon las ciudades (Guernica, 1937) y se intensificó la guerra psicológica (radio, periódicos,…).

En la ofensiva de Franco sobre Madrid, desde finales de 1936 a marzo de 1937, se dieron las batallas del Jarama (Madrid) y de Guadalajara, en la que las divisiones italianas enviadas por Mussolini fueron derrotadas por las Brigadas Internacionales (voluntarios extranjeros de izquierdas). Tras este contratiempo, Franco cambió de estrategia y concentró los efectivos militares en el norte para hacerse con sus recursos energéticos e industriales, logrando controlar la zona (1937). Málaga también fue tomada por columnas italianas.

Dominado el norte, Franco proyectó la marcha hacia el Mediterráneo para dejar aislada a Cataluña, logrando sus fuerzas llegar al mar por Vinaroz (Castellón). Para contrarrestar esta ofensiva, el ejército republicano realizó un gran esfuerzo en el verano de 1938 e inició la batalla del Ebro, pero finalmente los nacionales consiguieron reaccionar y vencer a los republicanos. Libre de obstáculos, se inició la ofensiva de Cataluña, siendo tomada Barcelona en enero de 1939 por el ejército franquista.

c) El final de la guerra (febrero-abril 1939): tras la pérdida de Cataluña, la España republicana se redujo a Madrid capital, una parte de Castilla-La Mancha, la costa levantina hasta Almería y el norte de la provincia de Granada. El presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, quiso resistir para enlazar el conflicto con una posible guerra mundial, pero finalmente los nacionales entraron en Madrid el 28 de marzo. Inmediatamente fueron cayendo el resto de territorios. El 1 de abril de 1939, Franco anunció el final de la guerra, dejando tras de sí destrucción, muertos, el recuerdo de los “paseos”, las ejecuciones, el hambre y la emigración forzosa de la “España peregrina”.

 

La guerra en la España republicana

 

Durante los primeros meses el gobierno republicano se vio desbordado. Muestra de ello fue que José Giral, quien sustituyó a Casares Quiroga el 19 de julio de 1936, tuvo que entregar armas a organizaciones radicales, con cuyas indisciplinadas milicias se quiso organizar un ejército popular. Comenzó una cruel represión de la que fueron víctimas muchísimas personas, como por ejemplo José Antonio Primo de Rivera.

En septiembre de 1936 llegó al gobierno el socialista Largo Caballero, que se afanó en restablecer la autoridad. Para ello incluyó en su gobierno los anarquistas, concedió el estatuto de autonomía al País Vasco y trasladó el gobierno a Valencia. Pese a sus esfuerzos, fueron frecuentes las tensiones entre comunistas y anarquistas, llegándose a un enfrentamiento armado en Barcelona en la primavera de 1937. Esto provocó su dimisión, sustituyéndolo Juan Negrín, que logró restablecer la autoridad. Tras la caída de Barcelona, volvió a Madrid para organizar la resistencia.

 

La guerra en la España franquista

 

En la zona franquista también comenzó una durísima represión. Sus víctimas fueron sospechosos de la izquierda, como el escritor Federico García Lorca. Sin embargo, al ser un régimen militar, se impuso pronto un férreo control. A esto hay que añadir que las circunstancias también ayudaron a Franco ya que, quienes pudieron hacerle sombra, murieron en diferentes circunstancias (Sanjurjo y Mola en accidentes de aviación y José Antonio Primo de Rivera fusilado).

En este sentido, hay que destacar que la Junta de Defensa decidió concentrar el poder en un mando único, siendo nombrado Franco en Burgos jefe de gobierno y “Generalísimo” de los Ejércitos (octubre de 1936). Poco tiempo después se acabó con las divisiones del bando nacional mediante el Decreto de Unificación (abril de 1937), en el que se creó un único partido, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Siguiendo esta línea de acumulación de poder, en enero de 1938 Franco fue proclamado “Caudillo”. Contó además con el apoyo de la Iglesia católica, monárquicos, grandes empresarios y terratenientes. Todas las medidas reformistas de la República fueron paralizadas.

 

La dimensión internacional del conflicto

 

La guerra civil Española tomó carácter internacional desde el primer momento. Gran Bretaña propuso la creación de un Comité de No Intervención en 1936 que estuvo integrado por las principales potencias europeas. Pero el Comité resultó ineficaz porque tanto Alemania como Italia continuaron prestando ayuda a Franco mientras que la URSS lo hacía a la República.

Las ayudas recibidas por la República se encontraron en: Francia, que fue reducida y cesó tras adherirse al Comité de no intervención; México, cuyo presidente ordenó desde el principio el envío de armamento; la Unión Soviética, que envió más de mil aviones y un gran número de carros de combate, aunque exigiendo el pago por adelantado, lo que obligó a la República a enviar a la URSS gran parte de las reservas de oro del Banco de España; y las Brigadas Internacionales, compuestas por 60.000 hombres de diferentes nacionalidades.

La ayuda recibida por Franco fue mucho más eficaz. La Italia de Mussolini colaboró con unos 700 aviones, carros de combate y voluntarios. Alemania ayudó enviando a la Legión Cóndor con más de 500 aviones. Portugal mandó a los “viriatos”. Irlanda también envío voluntarios.

 

Las consecuencias de la guerra

 

Los tres años de guerra civil dejaron las siguientes consecuencias:

 

a) Las pérdidas humanas fueron cuantiosas. Más de 500.000 muertos, a los que hay que sumar los exiliados y heridos.

b) Pérdidas materiales: se redujo la superficie sembrada y la producción agrícola. Las instalaciones industriales y la red de comunicaciones quedaron dañadas.

c) Pérdidas de divisas motivadas por el pago de las deudas de guerra contraídas y por la pérdida de más de 500 toneladas de oro del Banco de España enviadas por la República a la URSS. España quedó arruinada.

d) Heridas morales por la represión de ambos bandos y las que, acabada la guerra, continuará llevando a cabo el sistema franquista.

 

Carmina Hernández San Martín.

Bloque 10: La Segunda República. La Guerra Civil en un contexto de crisis internacional (1931-1939).

Tema de desarrollo en la opción B y preguntas cortas en la opción A.

Guerra Civil (primera parte)

Guerra Civil (segunda parte)

Guerra civil (tercera parte)

Guerra civil (cuarta parte)